jueves, 27 de julio de 2017

Un año.

¿Por qué será que nos encanta la tortura? Eso de que los mexicanos nos reímos de la muerte no se lo creo a nadie. Somos unos dramáticos y nos encanta la tragedia.

Por eso hoy, mami, después de echarme una ronda de lloradera con música instrumental y Eddie Veder de fondo, decidí mejor celebrar un poco la fortuna de ser tu hija, siempre y para siempre.

Así que me puse la playlist de Happy Songs....

Shake it oh babyyyy now,

twist and shout....

Y pensé en cómo me enseñaste a bailar rock n' roll en la sala de la casa, dando vueltas y vueltas y vueltas y vueltas....

Shake it Mamá.

Te amamos siempre.

Un año.

miércoles, 26 de julio de 2017

A un año

Me ha tomado un año saber en qué día te moriste.

Desde días antes, semanas antes, deje de fijarme. Los días pasaban entre tu hora de despertar y de dormir.

No supe en qué día te moriste. Tampoco supe la hora. Parecía una noche más larga de lo que fue. Recuerdo que mi hermano vio su reloj. Justo cuando te fuiste. ¿Se acordará de que hora era? ¿O se le habrá ido de la memoria como a mí los días?

No pasa un día en que no te extrañe, mamá. Te encuentro cada vez más en los espacios que dejaste. En sonidos que hago sin darme cuenta hasta que me recuerdan que te extraño. En la falta que me hacen tus abrazos. Siempre fuiste tú la que mejor supo escucharme. Aún cuando no lo hacías. Aún cuando no entendías nada. Qué fortuna contar con tu corazón abierto y con tus brazos.

Todo ha estado en pausa desde que te fuiste, mamá. Poco a poco siento que a veces las cosas arrancan. Que despierto y que despierta el mundo conmigo y que andamos hacia ninguna parte, pero andamos, mamá.

No puedo esperar a mudarme y empezar lejos de este tiempo pausado de paréntesis en el que estoy desde que te fuiste. Tengo ganas de barrerle el polvo a la casa nueva y con ello sacudirme el mío. Tengo ganas de sembrar. Quiero organizar los libros y sacarlos de las cajas y dejarme consolar por sus millones de páginas mientras les acaricio el lomo recordándote, mamá.

Qué prisa tengo de sentir que la película sigue.

No es que quiera dejarte atrás.

Es que siento que es adelante donde me esperas. ¿Qué cosas me llevaré para contarte cuando nos encontremos? ¿Qué risas e historias habré de contarte, mamá?

Nunca supe qué día te moriste hasta que alguien hizo la descortesía de recordármelo hoy. Es que el tuyo fue uno de esos días fuera del tiempo. Suspendido en el aire pesado de la habitación.

Amaneció el mundo al día siguiente distinto, mamá. Desde entonces no somos los mismos. Tu cambio de cuerpo a cenizas nos dejó un poco desarmados. Supongo que nos hemos pasado todo el año tratando de poner las cosas en su lugar.

No es que hayas dejado un espacio vacío, mamá. Es que ahora yo ocupo un espacio más grande y no he sabido si llenármelo de flores, o de libros, o de silencios. A lo mejor tendría que haberlo llenado con risas y ganas de vida y de expansión.

Parece a veces una enorme traición, esa. Como si te dejara atrás. Como si tuviera que seguir pensando que fue horrible y soñando que fue horrible y sintiendo lo horrible de las cosas que fueron...

Tú seguro de vez en cuando te das tus vueltas por acá y te aburres del halo ensombrecido que tiene todo. Seguro te darán más ganas de venir una vez que disipe la niebla. Cuando huela a mojada la tierra. Cuando esté por salir el sol.

A un año de tu ausencia, aquí sigues mamá. Aquí seguimos todos.

Te amo.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Día de mi Mamá

Sigo revolviendo tus cajones cada que voy a casa. Espero encontrarte en cada cosita que dejaste atrás. Quedan pedazos tuyos en la colección de medallas y recuerdos de tus viajes que traías "para regalar" y que al final guardabas en algún cajón, esperando el siguiente cumpleaños o la siguiente Navidad para dejarlos olvidados de nuevo en su bolsita de regalo.

Quedan muchos recuerdos tuyos en tus cosas. Uso tu viejo celular para poder ver tus fotos. Me río cuando descubro que hacías capturas de pantalla porque no sabías bajar las imágenes a tu memoria. Ahí tienes, entre los videos cursis que mandabas y que ahora extraño, fotos de nosotros en la nueva casa, con Mía, en nuestras salidas... recuerdos de cosas que no viviste pero que compartiste con nosotros a la distancia. Me das ternura.

Me dan ternura las recetas que guardabas en tus notas, una tras otra. Pasteles y cupcakes y pollo oriental. Nunca las hacías. Algo me dice que las guardabas para nosotras.  Para esos días en que te llamábamos con preguntas de novatas en cocina o para pedirte ideas de qué cocinar para impresionar.

Paseo por las aplicaciones que tenías en tu tableta. Por recuerdos de cuando te la pasaste meses jugando plantas contra zombies. Pienso en los zapatos que compraste en esa tienda en línea con ofertas gringas que al final ni te quedaron y me los pongo yo.

Pienso en ti cada que toco tus cosas. Te platico en mi cabeza. Me río contigo.

Me aferro y me aferro a encontrarte en todas las cosas que dejaste, mamá.

Me pregunto si no estarás ahí, escondida entre tus collares de fantasía, o los imanes de Nueva York, o los labiales rojos que ahora me pongo todos los días.

A veces creo que vienes a sentarte conmigo un rato. Te pones a ver la tele. Todavía no sale la nueva temporada de esa novela boba que veías antes de partir. Te prometo que me la voy a echar completita cuando salga, para que vengas a verla tú también.

Te extraño todos los días.

(Estás aquí todos los días.) Ya sé, mamá. Ya sé.



PS.- Te compré una taza para té el año pasado. Dice "best mom ever".  La había guardado en la alacena y entre los viajes y las cosas, la perdí. Aún está guardada en la alacena. Te espera. Me pondré hoy los aretes negros que te dí al año pasado. Tu collar que dice "mamá". Seguiré tocando tus cosas como para sentirte. ¿Qué hicimos el año pasado, mamá?