Sigo revolviendo tus cajones cada que voy a casa. Espero encontrarte en cada cosita que dejaste atrás. Quedan pedazos tuyos en la colección de medallas y recuerdos de tus viajes que traías "para regalar" y que al final guardabas en algún cajón, esperando el siguiente cumpleaños o la siguiente Navidad para dejarlos olvidados de nuevo en su bolsita de regalo.
Quedan muchos recuerdos tuyos en tus cosas. Uso tu viejo celular para poder ver tus fotos. Me río cuando descubro que hacías capturas de pantalla porque no sabías bajar las imágenes a tu memoria. Ahí tienes, entre los videos cursis que mandabas y que ahora extraño, fotos de nosotros en la nueva casa, con Mía, en nuestras salidas... recuerdos de cosas que no viviste pero que compartiste con nosotros a la distancia. Me das ternura.
Me dan ternura las recetas que guardabas en tus notas, una tras otra. Pasteles y cupcakes y pollo oriental. Nunca las hacías. Algo me dice que las guardabas para nosotras. Para esos días en que te llamábamos con preguntas de novatas en cocina o para pedirte ideas de qué cocinar para impresionar.
Paseo por las aplicaciones que tenías en tu tableta. Por recuerdos de cuando te la pasaste meses jugando plantas contra zombies. Pienso en los zapatos que compraste en esa tienda en línea con ofertas gringas que al final ni te quedaron y me los pongo yo.
Pienso en ti cada que toco tus cosas. Te platico en mi cabeza. Me río contigo.
Me aferro y me aferro a encontrarte en todas las cosas que dejaste, mamá.
Me pregunto si no estarás ahí, escondida entre tus collares de fantasía, o los imanes de Nueva York, o los labiales rojos que ahora me pongo todos los días.
A veces creo que vienes a sentarte conmigo un rato. Te pones a ver la tele. Todavía no sale la nueva temporada de esa novela boba que veías antes de partir. Te prometo que me la voy a echar completita cuando salga, para que vengas a verla tú también.
Te extraño todos los días.
(Estás aquí todos los días.) Ya sé, mamá. Ya sé.
PS.- Te compré una taza para té el año pasado. Dice "best mom ever". La había guardado en la alacena y entre los viajes y las cosas, la perdí. Aún está guardada en la alacena. Te espera. Me pondré hoy los aretes negros que te dí al año pasado. Tu collar que dice "mamá". Seguiré tocando tus cosas como para sentirte. ¿Qué hicimos el año pasado, mamá?
miércoles, 10 de mayo de 2017
sábado, 27 de agosto de 2016
Just Breathe....
Yes I understand
That every life must end, uh huh
As we sit alone
I know someday we must go, uh huh
Oh I'm a lucky man
To count on both hands
The ones I love
Some folks just have one
Yeah others they got none, uh huh
Stay with me
Let's just breathe
Practiced on our sins
Never gonna let me win, uh huh
Under everything
Just another human being, uh huh
Yeah, I don't want to hurt
There's so much in this world
To make me bleed
Stay with me
You're all I see
Did I say that I need you?
Did I say that I want you?
Oh if I didn't, I'm a fool you see
No one knows this more than me
As I come clean
I wonder everyday
As I look upon your face, uh huh
Everything you gave
And nothing you would take, uh huh
Nothing you would take
Every thing you gave
Did I say that I need you?
Did I say that I want you?
Oh if I didn't, I'm a fool you see
No one knows this more than me
I come clean
Nothing you would take
Every thing you gave
Hold me 'till I die
Meet you on the other side
- Pearl Jam
lunes, 1 de agosto de 2016
I did not die.
De los días previos....
Qué días esos, antes de tu partida.
Ya estabas con la mente en otra parte, mamá. Se te veían en los ojos las ganas de descansar.
Estuviste tú siempre más tranquila que nosotros.
El desfile de personas, las pláticas superfluas, las visitas. Acomodarte la almohada, las medicinas, buscar qué cosa sería posible que aún pudieras comer.
Los últimos días ya no comiste nada.
¿Para qué llenarte la panza, en lugar del alma?
Estoy segura que estabas recogiendo memorias que llevarte por allá. Los olores, las sonrisas, la caricia en la frente, la canción.
Eligiendo qué cosas hacía falta llevarse y cuáles no.
Tú tan tranquila y nosotros...
Pues así. Esperando...
Tic-toc.
¿Te acuerdas que me hiciste una broma, mamá?
¿Te acuerdas de cómo te reías con este par de ángeles que te mandaron, mamá?
¿Te acuerdas de tenernos a todos juntos, hasta a tu nieta peluda, en casa, mamá?
Seguro que eso fue cuando pensaste que ya era tiempo...
cuando nos viste reírnos juntos y supiste que todo estaría bien.
Así fue, poco a poco, que empezaste a dejar ir tus ropas y tu aliento.
Como la actriz que regresa al escenario por un último aplauso. Se va despidiendo, poco a poco, hasta que se encienden las luces del teatro...
Se encendieron las luces, mamá.
Pero aquí estamos.
Ya estabas con la mente en otra parte, mamá. Se te veían en los ojos las ganas de descansar.
Estuviste tú siempre más tranquila que nosotros.
El desfile de personas, las pláticas superfluas, las visitas. Acomodarte la almohada, las medicinas, buscar qué cosa sería posible que aún pudieras comer.
Los últimos días ya no comiste nada.
¿Para qué llenarte la panza, en lugar del alma?
Estoy segura que estabas recogiendo memorias que llevarte por allá. Los olores, las sonrisas, la caricia en la frente, la canción.
Eligiendo qué cosas hacía falta llevarse y cuáles no.
Tú tan tranquila y nosotros...
Pues así. Esperando...
Tic-toc.
¿Te acuerdas que me hiciste una broma, mamá?
¿Te acuerdas de cómo te reías con este par de ángeles que te mandaron, mamá?
¿Te acuerdas de tenernos a todos juntos, hasta a tu nieta peluda, en casa, mamá?
Seguro que eso fue cuando pensaste que ya era tiempo...
cuando nos viste reírnos juntos y supiste que todo estaría bien.
Así fue, poco a poco, que empezaste a dejar ir tus ropas y tu aliento.
Como la actriz que regresa al escenario por un último aplauso. Se va despidiendo, poco a poco, hasta que se encienden las luces del teatro...
Se encendieron las luces, mamá.
Pero aquí estamos.
Todo
7/21/2016
Hay días en que no me dejo sentir nada. Respiro hondo.. Conservar la calma.
Hoy no quiero....
¿Qué me hace falta decirte que no te haya dicho ya, mamá?
Hoy fue el día que te dije que estaba muy contenta de haber estado aquí, cuidándote.
Por más duro que sea, mamá.
Qué fortuna la mía de poder bañarte.
Que no sea tiempo aún, mamá. Aunque recuerda no quedarte tiempo que ya no quieras.
Lo hemos tenido todo. ¿Verdad?
Años de cariño, de caricias, de amor infinito.
Qué suerte la mía de haberte elegido. De que me eligieras tú.
En toda la vida aspiro sólo a querer tanto como me haz querido tú.
Qué suerte, mamita.
No te vayas todavía.
Querido Jorge:
Junio 2016
Recuerdo tu funeral.
Me acuerdo del último día que llamé a tu casa. No quise
hablar contigo. No supe qué decirte. "No, no lo molestes, le llamo
mañana". Dije. Al otro día te moriste. ¿O tal vez fue el día siguiente? No
más.
No es que me arrepienta terriblemente de no haber hablado
contigo. Años después sigo sin saber qué decir. Es sólo que me sorprende tanto
que un día hayas estado aquí y yo haya pedido no hablar contigo. Al día
siguiente ya no estabas.
Me acuerdo del aeropuerto de Tuxtla. De mi ansia por llegar
a casa con los míos y los tuyos para abrazarles y decirles "ya estoy
aquí". Me acuerdo de mirar a la gente en el aeropuerto. La espera, la
expectativa. Yo mirándoles con la angustia de la lejanía. ¿Saben ustedes que voy
a un funeral? ¿Que Jorge se murió? ¿Que yo no quise hablar con él? ¿Saben?
Qué raros son los funerales. Más raras aún las casas
funerarias como esa donde estabas tú. Con sus candiles falsos y sus focos en
forma de vela. Supongo que es ese el ambiente mortuorio. El de las velas y los
candelabros. Pero como incomoda prenderlos y no alumbran, mejor ponen esos
ridículos focos en forma de vela. Y esos cuadros. Pinches cuadros mediocres que
no dicen nada. Algún paisaje cutre de montañas. O un lago. Una cosa tan neutra
y estéril, que no es posible mirarla y sentir algo. Sólo le quitan el vacío a
la pared. Supongo que en una funeraria eso es algo. Quitar el vacío.
Qué raro pensar que estaba tu cuerpo ahí, a unos metros, en
la caja. Qué raro que pongan cajas de kleenex por todos lados. Creo que hasta
un carrito con agua, o comida. ¿Galletas? Eran galletas y café.
Me acuerdo tanto, Jorge, de sentir la vida. De reírme. Qué
inapropiado reír en este lugar. Qué inapropiado que ría con tus hijas, mis
primas, y sus historias de ser mamás.
Las dos tan fuertes y grandes como siempre. Tanto que las quiero que hubo, como
siempre, ese momento entre ellas dos y mi hermana y yo, y las cuatro riendo
sobre cosas. Ahí junto a tu muerte. Pensé en cómo es la vida que se filtra por
los más pequeños rincones aún en lugares como este. Entre las risas. Entre los
chismes. Entre el ridículo sentir de tener que llorar y dolernos. ¿Por qué nos duele tanto, Jorge? ¿Si sabemos
que al final, igual andas por aquí?
Te tengo tan presente como antes de tu muerte. Llegando a la
comida a contar tus historias de cuando robabas tacos de chicharrón en el
supermercado hasta que me hacías llorar de la risa. Extrañamente, de alguna
forma, siento que todavía vas a llegar. O más bien será que llegaré yo a donde
tú estás.
Pienso mucho en ti últimamente, Jorge. Porque espero que
estés esperando a mi mamá cuando le toque irse a esa parte. Porque espero que
en medio de todo esto, del reloj sonando, del oxígeno, las medicinas, los
doctores, el cáncer, el tic-toc, me acuerde de esa sensación de la vida colándose
entre los candiles falsos y los focos en forma de vela, y los cuadros de
mierda, y el tapiz inmundo, y la caja, y los rezos, y los kleenex.
En la espera estamos, Jorge, en la espera.
Estoy segura de que concuerdas conmigo cuando digo que
pinches lugares de mierda esos, las funerarias, llenos de falsedades y
lágrimas. Pinche fatiga de los deudos que apenas ahora lloran la partida.
Pinche hastío de “lo siento” y “no sufre más” y “pronta resignación”. Creo que
ese es el que más me joroba ¿sabes? ¿Resignación?
Insulsos, mezquinos lugares Jorge, las funerarias. Que se
queden con sus cuadros simplones y sus columnas impávidas, y sus sombras y sus
lágrimas. Habría que ir ahí sólo a abrir las ventanas y dejar entrar el
sol...junto a la vida, Jorge, entre las risas y el dolor.
Jorge
Run fast...
Cuando empecé a correr contaba los segundos uno a uno. Hacer el primer kilómetro corriendo realmente fue, para mí, como si hubiera escalado una montaña. Nunca he sido deportista. No le encontré el gusto jamás. Pero ahora, por primera vez en la vida, tengo la necesidad de correr. No más por sentir que todo lo que está pasando se queda, de alguna forma, atrás.
Quisiera poder correr más.
Quisiera correr hasta que me duela todo el cuerpo como antes. Ahora corro mis cuatro kilómetros y no me duele. Sólo me canso. Me canso porque más que correr me hace falta limpiarme. Sacar adentro todo lo que me he escondido en la colitis.
A veces me digo: "es que todos se mueren. Nos morirmos". Valar morghulis, memento mori. Ya lo sé.
Pero no es lo mismo verlo, poco a poco. ¿Cómo hacer para no temerle a todo esto? No quiero tenerle miedo. Sólo que no sé...
"For in that sleep what dreams may come..."
¿Seguirás aquí, mamá, cuando te vayas?
Quisiera poder correr más.
Quisiera correr hasta que me duela todo el cuerpo como antes. Ahora corro mis cuatro kilómetros y no me duele. Sólo me canso. Me canso porque más que correr me hace falta limpiarme. Sacar adentro todo lo que me he escondido en la colitis.
A veces me digo: "es que todos se mueren. Nos morirmos". Valar morghulis, memento mori. Ya lo sé.
Pero no es lo mismo verlo, poco a poco. ¿Cómo hacer para no temerle a todo esto? No quiero tenerle miedo. Sólo que no sé...
"For in that sleep what dreams may come..."
¿Seguirás aquí, mamá, cuando te vayas?
I would love to believe that when I die I will live again, that some thinking, feeling, remembering part of me will continue. But much as I want to believe that, and despite the ancient and worldwide cultural traditions that assert an afterlife, I know of nothing to suggest that it is more than wishful thinking. The world is so exquisite with so much love and moral depth, that there is no reason to deceive ourselves with pretty stories for which there's little good evidence. Far better it seems to me, in our vulnerability, is to look death in the eye and to be grateful every day for the brief but magnificent opportunity that life provides. - Carl Sagan
Heaven....I'm in heaven....and my heart beats so that I can hardly speak....
17/7/2016
Hoy fue el día en que bailaron.
En cada boda, XV años y fiesta familiar, desde que tengo memoria, recuerdo a mis papás bailando. Mamá hubiera querido que fuera rock and roll, o salsa, o alguna cosa más exótica y elaborada. Bailaban baladas. Frank Sinatra. Cosas así. Siempre.
Yo siempre les tomé fotos, o grabé, o sonreí como boba mientras se me salían las lagrimitas de ternura. Siempre.
Hoy fue el día en que bailaron, en la sala de la casa, mi mamá con sus cuarenta y cacho kilos de peso en una de sus pequeñas caminatas alrededor del salón. "¿Bailamos chula?" le dijo papá y le ayudé a pasar las manos de mamá de mis hombros a los suyos. Hay que ayudarle a caminar. Así, lentamente, como tantas otras veces, pero más despacio, sin prisa, bailaron hoy.
Y yo, como siempre, me puse a verlos como boba y a llorar.
Excepto que esta vez, a diferencia de otras veces, escondí la cara hasta que pude hacer que me dejaran de salir las lágrimas.
Nada puede prepararte para lo difícil que es. Ni los blogs, ni las películas, ni las experiencias de otros. Porque entre cada crisis que pasa, no cada mes o semana, sino cada día, existen ratos interminables de espera y angustia. De preguntas. De incertidumbre. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cómo vamos a hacer?
Mientras le acaricio la espalda, sentada al lado de mamá, pienso en que puedo dejarme llevar por la angustia. En que no hay nada más que quiera hacer que soltarme a llorar y tirar de patadas. Enojarme. Preguntar al mundo por el sentido de las cosas...
Me acuerdo entonces de Aurýn. Pienso en la niña-emperatriz que lo era porque no juzgaba a ningún ser en Fantasía. Entendía que todo era, y ya. Todo es. No tiene sentido buscarle sentido. Sólo ser.
Así que mientras recorro con cuidado su espalda, sus costados lastimados, su panza dura y enorme que contiene esas cosas que nunca entenderemos y que poco a poco la desprenden hacia ese otro lugar, pienso en que no hay que ceder ante la angustia, la tristeza y la desesperanza. Pienso que ahora, más que ser fuerte, más que resolverlo todo, más que querer encontrar el sentido y dárselo y resolverlo todo, toca sólo pensar que aquí estoy. Que esto es. Y que esto que es, tiene la gran ventaja de ser todavía. Como sea, cada paso, desde el amor infinito que me enseñó a tener.
Hoy fue el día que bailaron.
Mañana habrá que ver.
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