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viernes, 26 de agosto de 2011

Live, Love, Turtles


Érase una vez una niña que leía y leía.

Leía cuentos de fantasmas, que eran sus favoritos,.

Leía tanto de fantasmas que hasta leyó Hamlet, porque en la lista de personajes salía el fantasma del rey.

Leía también esta niña sobre animales. Y tanto leía de animales que un día leyó sobre grandes tortugas en el mar que se morían atragantadas con basura de plástico que la gente tiraba al agua...

y a pesar de todas las historias de fantasmas y de los pitufos y de hombres lobos, vampiros y demás seres que bailaban en las páginas de los libros con arañas colgadas a los sombreros y lúgubres velas alumbrando sus hojos de horror, leer sobre los pedacitos de plástico que atragantaban a cientos de inocentes tortugas en el mar la hizo, verdaderamente, sentir terror.

Popotes. Eso decía el artículo que leyó. Popotes que las tortugas se comían al verlos flotar en el mar.

....

Así que la niña dejó de tomar leche con chocolate, jugo de naranja, refresco, malteada, o cualquier otro líquido que pudiera sorberse con un pedacito de plástico tubular.

... o por lo menos eso intentó.

Lo intentó hasta que se sintió ridícula. Hasta que se cansó de tratar de convecer a todos los otros bebedores tubulares de abandonar sus viejas costumbres por el bien de las tortugas en el mar.

Tiempo después se olvidó de los popotes y de las tortugas.

...

Y así fue. Hasta que un día, sin razón aparente, conoció a un niño que tampoco bebía en popotes, y pensó, que el mundo puede ser un mundo mejor.

Y en eso andamos.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Pedaleando a la Oficina

Hoy fue mi ¿cuarto? recorrido a la oficina.

A continuación algunas lecciones aprendidas:

1.- No volver a salir sin algo de desayunar:

Hoy a medio camino casi hasta asquito me dio. No había comido nada e hice tanto esfuerzo (creo que la llanta delantera está un poquitititito baja) que hubo un momento en que dije ¡santas wacaras batman!. Afortunadamente eso pasó ya cuando casi estaba entrando a la última gran avenida, que es casi toda plana o de bajada, por lo que ya pude disfrutar el último tramo del recorrido. ¡fiuf!

2.- Reclama un espacio en la vía pública: ¡también es para las y los ciclistas!

Al principio me causaban tanto terror los coches que cuando salía a dar la vuelta por la casa y escuchaba un auto detrás de mi, de inmediato me hacía a un lado o me detenía. Ahora ya no me causa tanto pánico. El espejito lateral también es muy útil. Yo ruedo siempre pegada a mi derecha, por lo que coloqué un espejito en el manubrio del lado izquierdo. Así me evito el estar volteando (con la posible consecuencia de irme chueca o estrellarme con algo al frente) y tengo mucha mejor idea de cuándo viene un coche detrás de mi.

El truco para andar sobre la calle (digo yo) es repetirse: "mi misma, la calle es tuya también". Si me da pánico y me pego demasiado a mi derecha, demasiado cerca de la banqueta (sobre todo en una vía de dos carriles) los coches lo interprentan como que "hay espacio" para rebasar. Y rebasan, pero sólo a unos milímetros de la bici (huum qué diría la RAE de mi acento sobre "sólo"?). Al pasar tan cerca, a lo mejor no me pegan, pero si por cualquier cosa yo me moviera tantito es más peligroso.

Así pues, ahora reclamo un espacio de la calle para las bicis: "ciclistas del mundo! reclamo en nuestro nombre esta parte de la vialidad!" (imagínenme sobre la bici colocando una banderita sobre la calle...la pura conquista). Así yo me siento más segura y los coches se ven obligados a respetar más mi espacio.

3.- Un auto menos: manualidad de la semana:

Hace más de tres años conocía una chica que andaba en bici de aquí para allá. Traía colgado sobre la espalda un letrero que decía "un auto menos" y juraba que los coches la respetaban más.

Siguiendo el ejemplo me colgué a la mochila mi letrero:



Y aunque no noté una diferencia enorme, por lo menos siento que está cotorro.

4.- Luces y luces hasta parecer árbol de navidad:

No importa lo ridículo que sea, entre más me note mejor. Así que compré mi chaleco reflejante, mi luz trasera, luz delantera, y casco de colores.... creo que así está más difícil que algún distraído no me note....espero.

5.- Las velocidades sí funcionan.

Aún no sé si las estoy usando bien jejeje pero según yo sí me están haciendo el paro.

6.- La bici es divertida!

La irrefutable verdad: ir en bici será siempre para mí un recuerdo de la infancia. Me siento como niña cuando voy de bajada y me dejo volar.

Para terminar quisiera decir lo siguiente:

Como estoy segura de que la COP16 no llegará a nada trascendental para combatir el cambio climático (y seguirán con los mercados de carbono...mierda de economía ecológica vs. economía ambiental), les diré lo siguiente:

hoy al tomar la bici hice más para combatir el CC que toda la COP 16

Así que vivan las y los bicicleteros.

Sláinte!

Babar

Ps: Este post está dedicado a un Ulises, del MUTE (Manía Urbana Transporte Ecológico), quien se dió una vuelta por el blog y me envió un mensaje que decía:

"Nosotros también creemos que se puede cambiar el mundo con acciones que parecen pequeñas y si no, por lo menos podemos darnos el gusto de imaginar que vencemos dragones."

Lloritas. Gracias Ulises y gracias a todos y todas las que creen que #otromundoesposible.

¡Buen día!