sábado, 9 de abril de 2016

Cicatrices

 (¿Cómo se van a ver cuando seas viejita...?)

Con cada año que pasa hay más marcas en mi piel. Cada nueva arruga y peca cuenta un poco mi historia. Aún así, yo no decido si esta línea que se marca en medio de mis cejas cuando estoy pensando, se hará cada vez más profunda. Tampoco decido si serán mis ojos, o mi frente, o mis manos, las que poco a poco harán que me descubran la edad... Si eligiera, quisiera que fueran las arrugas que me salen cuando río a carcajadas las que se noten más. Las líneas pequeñitas que ya cruzan de la orilla de mis ojos hacia las orejas y aquellas que enmarcan mis labios, de la nariz a las comisuras, cuando estoy feliz.

Está también esa cicatriz que me parte una ceja de cuando me pegué contra una banca en la secundaria, o la que tengo en la palma de la mano derecha por caerme sobre un vidrio cuando Amarilis y yo jugábamos a aplastar las flores de una jacaranda. Tengo marcas en las rodillas por intentar deslizarme en la alfombra y hacer reír a mi Mamá. Manchas y marcas inexplicables en algunas partes de la piel, estrías que me recorren los muslos y unas más recientes lunas perfectas y pequeñitas en la cara y en el pecho que me dejó tener varicela a los 32...

También tengo unas cicatrices que no han sido resultado de accidente alguno.

Son cicatrices que una elige concienzudamente, entre nervios e ilusión.

Esas que escogí para recordar y recordarme, entre línea negra y color, lo que hoy, ahorita, es importante...

(¿Cómo se van a ver cuando seas vieja?)

Mi primer tatuaje me recuerda a casa de mamá y papá. Durante años hubo un nido de colibrí frente a la ventana y cada año nos poníamos a espiar con binoculares a los bebés que abrían el pico chiquitito y a la mamá que les daba de comer. 

Me lo puse después de años de quererlo, de pensarlo y de preguntarme todo lo que todavía escucho que se decide por ahí cuando se habla de estas cosas: el dolor, los juicios, las barreras. Que si ya no te dan trabajo, que si se quedará para siempre...

Me lo puse porque tenía un montón de ganas de crecer. De llevar en el cuerpo lo que estaba aprendiendo. De recordarme, para siempre, que si esto me impedía estar en alguna parte, no tenía sentido estar ahí. 

Me puse el espíritu guerrero en la espalda para no olvidar. Para que aunque olvidara, el cuerpo me lo recordara siempre. 

El segundo me lo puse para marcar otra etapa más de crecer y compartir. Lo escogimos para saltarnos los anillos y ponernos en la piel el compromiso que nos une. Como amuleto, como recuerdo, como señal de estar aquí, juntos, en el universo. Lo llevo en la muñeca porque me gusta verlo...
El más reciente, el tercero, lo llevo sólo porque me gusta. Por el nervio de sentir las agujitas penetrándote  la piel. Por saber que mi cuerpo es también un lienzo en el que he dejado que otros dibujen para mí. Por sentirme arte. Libro abierto con ilustraciones. Por la aventura. Por ser fuerte. Por mi memoria. Por no olvidar. 

¿Que cómo se van a ver cuando sea viejita?

Supongo que viejos, como el resto de mí. 

Pero al menos, estos yo los escogí. 

#Ballenaespacial
#Spacewhale






domingo, 14 de junio de 2015

Come join my secret society


 I should start by revealing I am part of a secret society. I am one of the lucky few who know, who really and deeply understand, why Bastian Baltasar Bux stole that book. I can feel, as I dive deep line after line, how he must have felt. The irresistible attraction of the cover. That old smell that’s both sweet and seductive and enough to make you drunk. The unmistakable feeling of love at first touch as you glide your fingers carelessly and turn over the first page of a book that you think, no, that you know, will become a part of you, will become you, as you start reading.

We have no headquarters in our secret society, although libraries and coffee shops are common places in which our members coincide. We are easily recognized by a simple yet significant fact: we will carry around, under sunshine or rain, in long waiting hours and in brief empty minutes, a small or large, light or heavy, delicious, exciting, intriguing, loving book.

Just like Tereza recognized Tomas as part of this nameless, shapeless crowd, I too recognize others when walking down the street, or having a meal, or riding the bus. I particularly love to see them while browsing through the window or the shelves of an old bookstore, looking for treasure. I know what they feel when they touch a dusty cover who’s title is long gone. I know the excitement that comes when they turn to the first page hoping to find meaning, love, adventure. I also understand the deception that drowns them like a wave when they realize it is an old medicine text book, or a manual on taxes, or an indiscoverable mystery in a language they can’t read.

You see, I read because I need to make the world disappear. I read because when I find that one book, that one treasure that will engulf every free moment of my day, and that will then take over every other moment, and that will shape my dreams or nightmares at night, I come alive.

I read for that sense of drunkenness and lightness that overwhelms me when I need to put a book down for a moment because my eyes hurt, or my back hurts, or because it’s finished, and I look into the world with new eyes. Eyes that are not mine, but rather the eyes of a character, or of a different universe. Eyes that will look upon everything I have ever looked at before and make it brighter, more defined, as if I had, for one moment, made sense of the universes around me and could see the world for what it truly is. Magic. Transcendence. Fervor… life.

I read to live. I read to feel life sweeping into my eyes, through mi skin and nose, up my spine and into my ears as I hear the crackling noise of a turning page.  I read because it makes me come into being.

Whenever I’m at that stage of awe, whenever I’ve been disembodied by words that flow like wine through my head, I feel a longing. I long to look upon the face of another member of this secret society and say: “I’ve seen… I am.”

 I know that you too crave for that moment of pure rapture. And maybe, like me, you want to show the world why our secret society should not be secret anymore. You too might want to tell everyone how easy it is to join. To be carried away. Like the good Doctor said: “We’re all stories, in the end…”.  Let me tell you why books make mine a good one...

jueves, 5 de febrero de 2015

Y Usted Profa ¿Cuál es su lucha?

Ahora también soy Profa (en construcción).

Los primeros meses fueron casi una tortura... no sólo porque di clases en preparatoria. Tampoco fue sólo porque di clases en una preparatoria católica. Tampoco fue sólo porque nunca había dado clases, ni fue sólo que no tuviera tan bien aprendido lo que se supone tenía que enseñar. Creo que fue, sobre todo, porque tenía la necesidad de no ser trasparente. Pedazos de lo que soy y de lo que creo que se quedaron fuera del personaje en que a diario me tenía que disfrazar.

Seis meses más tarde, en otro lado, con otros chavos y chavas, me dispuse a compartirme más libremente. Sin tanta pretensión de saberlo todo. Sin tanto nerviosismo de ponerse "arriba", de ejercer la disciplina, de señalar el camino. Ahorita tengo ganas de mostrarme, de compartir lo que he aprendido. De reconocer lo mucho que no he aprendido también.

Hoy decidí agenciarme la libertad de cátedra, a sabiendas de que en este espacio tengo un poco más de campo de acción, dedicamos la clase entera a hablar de Ayotzinapa.

Hablamos de Ayotzinapa y no sólo de Ayotzinapa. Hablamos del 68, de la guerra sucia, de la globalización, de la globalización contrahegemónica, de la modernidad, de qué hace falta, de dónde estamos, de posicionarse, de luchar...

Les pedí que contaran, en silencio, 43 personas que conozcan. Nos tardamos. De pronto no es tan fácil contar hasta 43. Les pedí que pensaran en la persona más importante en sus vidas (Reshi) que imaginaran la última vez que hablaron con ella (antes de entrar al salón) que pensaran en qué harían si llegaran a casa y no la encontraran (esperar...) que pensaran en qué harían al día siguiente si aún no llega a casa (...) que pensaran en si algún momento dejarían de buscar (....).

Lo pensé yo también para mis adentros. Casi me pongo a llorar. ¿Cómo sanar? Les pregunté, como sociedad, ese dolor y esa ausencia.

No tengo respuestas.

No quiero decirles qué es lo que tienen que pensar. Qué sentir. Pero quiero decirles que luchen. Que hace falta. Que busquen su lucha y se convenzan. Que no se paralicen por el miedo, por sentirse solos o solas, que hacen falta.

Pensé en Dardón y en su sombrero y su pancita y sus camisas y su andar, que era de las pocas cosas que dejaban mostrar, si acaso, su edad. Nunca te lo dije Profe, cómo me ganó por completo cuando el primer día de Maestría te presentaste con un "soy Dardón y #yosoy132". Me reí muchísimo. Este viejito sombrerudo todo 132... Me enteré de tu vida más por otros que por ti. Me conflictué siempre entre hablarte de tu, como un amigo, o de usted, como Doctor (de la vida y la academia). Cómo no respetar que marcharas con nosotros y nosotras el 2 de octubre, que intentaras siempre compartir con tus estudiantes que hay que luchar, con causa, y con conciencia y profundidad. Pensé hoy en tu sombrero, y le conté de ti a un grupo de chicas y chicos que nunca te conocerán.

Busquen su lucha, les dije. Si deciden no hacer nada, decídanlo entonces, pero no dejen que lo decidan por ustedes. Comprométanse y aprendan, y lean, y piensen en cómo le hacemos para crear otras cosas....

"Y Usted Profa, ¿Cuál es su lucha?"

No lo sé. Supongo que tengo muchas. Buscar otros mundos posibles. Crearlos un poquito si se puede. Compartirlos. Reconocerlos. Verlos crecer....

Nunca supe qué decir cuando andabas cerca, Dardón. Nunca te pregunté del 68, o del EZ, o de tu vida. Me bastaba, supongo, con conocer un poco de la historia de oídas. Creo que el resto, de alguna forma, te escurría del sombrero como lluvia, como olas. Bastaba verte marchar.

La última vez que te vi, te leí un pedacito de un poema.


Me sirve tu sendero, compañero. Todavía, aunque ya no estés, y porque ya no estás, quisiera crear senderos para mí y para los demás. Quisiera que los creemos juntos. Que los creamos. Juntos.

Tuve una buena clase hoy.

A caminar....

Me sirve y no me sirve

La esperanza tan dulce
tan pulida
tan triste
la promesa tan leve
no me sirve

No me sirve tan mansa la esperanza
La rabia tan sumisa tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve

No me sirve tan sabia tanta rabia
El grito tan exacto si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve

No me sirve tan bueno tanto trueno
El coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve

No me sirve tan fría la osadía
Sí me sirve la vida que es vida hasta morirse
el corazón alerta
si me sirve

Me sirve cuando avanza la confianza
me sirve tu mirada que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve

Me sirve la medida de tu vida
Me sirve tu futuro que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve

Me sirve tu batalla sin medalla
Me sirve la modestia de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve

Me sirve tu sendero compañero

-Mario Benedetti




El Prof. Dardón

viernes, 25 de abril de 2014

About a table

Algún día tuvimos una mesa de jardín en el comedor…

Era verde y de plástico y de jardín.

Y hubo gente que la odió y que le puso mala cara.

Y mi pobre mesa tan fiel que siempre detuvo las cosas con sus cuatro fuertes patas.

Nunca flaquearon sus inquebrantables ganas de sostener los platos, aunque nunca comiéramos ahí… nunca me hizo perder una sola pieza de ese rompecabezas de Carrington que armé sobre ella, la única vez que pasé días y días arqueada sobre su verde superficie de plástico barato resistente a la lluvia y el sol.

Un día la cubrí con un mantel con dibujos y palabras en francés. Andaba toda adornada, pero yo extrañaba mi mesa verde de plástico que se limpiaba con una pasada y que no tenía complejos ante otras mesas de comedor.

Me gustan las cosas simples y poco pretenciosas… me gusta entender que la belleza estaba en pensar que esa era la mesa de la cocina del hogar que estábamos creando juntos, de la nada, pero juntos.

Ahora tengo mesas de tablas de madera. Algunas pintadas por nosotros, algunas desnudas y pálidas recién salidas de manos de su creador: tabla con tabla con pata y esquina redondeada.

Me da igual la mesa.

Lo que quiero es amor sobre ella.

Más amor y menos juicios.

Porque la belleza la lleva una adentro y no sobre la mesa de plástico verde de jardín.

¡libertad para la belleza!

¡libertad para las mesas de jardín!

¡libertad para adornarnos nosotros, nosotras, desde dentro, para nosotras mismas y no para los demás!

¡libertad de juicios y prejuicios!

Porque al final lo único que hay que poner sobre la mesa es a nosotr@s mismos y eso ya es suficientemente hermoso.

(Y a la puta madre con la belleza que no venga del interior)

...

Yo soy amor…

y amor también tenía en mi mesa verde, de plástico, de jardín.

(Desde el jardín de mis entrañas que ponía más atención en las flores y en los pájaros que en el plástico verde, barato, de jardín).


No me importa la mesa, porque ¿saben qué?.... la puta mesa era feliz, y yo también lo soy.

Cada quien se embellece como quiere... 

All is love.



jueves, 27 de febrero de 2014

Learning to draw...

Un dibujo al día (o a la semana) y a ver qué pasa...


 
En mi moleskine del hobbit.

lunes, 22 de julio de 2013

Handicraft Summer: Doctor Who Sneakers

Old sneakers
 So I had a pair of old black sneakers around... and decided that since I had so much free time this summer I would turn them into Doctor Who sneakers!








Started out by using textile paint to cover the sneakers in blue...


After 3 coats of paint
Draw a TARDIS on the back


Seal of Rassilon on the side

Police Box on the tip

Wrote "Allons-y" and Bad Wolf on the sides!


And now I have Doctor Who sneakers!!! 


Hope you like them =)



miércoles, 17 de julio de 2013

The Doctor


I met him a couple of weeks ago. I kind of introduced myself after reading about him for a long time now, and since I'm having the first real do-nothing-no-pending-issues-whatsoever vacation in a long time, I've been thinking about it non-stop. And who might this mysterious character be, you might ask... 

It's the Doctor.

Just like that.

So after around 6 hours of watching Doctor Who today I finally went out for a walk, a bit before sunset, in this beautiful city surrounded by mountains and people from all over the world. I sat there on a bench and watched, just watched people walk by for a couple of hours. And as I was doing so, I wondered: what is it about these stories that capture me so much? 

I started thinking about my daily life. Have I become so thirsty for something that I feel constantly parched for the next alternative reality? Have I lost the sense of wonder for the common, the ordinary? How can one make one's life fantastic?

And then I thought: I have had such a fantastic life so far... I might not be the most adventurous or passionate about everything person there is...but in the past few years I have felt so much wonder. I've been overcome so many times about the sheer beauty of the world, of my existence, of possibility. 

So I realized what I like about the Doctor so much, what I like about all these stories about different worlds. The fact that they are all created and dreamt about by some other normal and common human being. Just like me. It is that delightful human ability to create other realities, as well as our ability to experience them, if just for a moment, as we watch, as we read, as if they were real, that makes me keep wanting more. Whether I’m reading about it, or whether there’s someone narrating or acting them out, all these stories are somehow, for a moment, as real as I am.

It's art. It's wonder. It's something buried so deep within ourselves that comes out through that moment of almost out of body experience. It's our ability to create and re-create… it’s beautiful.

It made me feel like creating something. It makes me feel like re-creating myself (regenerate of the sorts??).

That was the feeling I had as I was watching all those people walking by. How we, I, can create things that are utterly fantastic. Not just to dream them, but bring them to life.

I felt in love with the world. 

I don't thing fantasizing is a waste of time... I just want to be introduced to more and more worlds in which to feel like a constant traveler. Constantly amazed. And learn from them that it is possible to experience that same feeling on some ordinary day,  sitting on an ordinary bench, just watching people walk by.

Allons-y!



Happy 50th birthday Doctor. 

lunes, 11 de marzo de 2013

El pastel


Me siento en el banco amarillo de la cocina y cierro los ojos. Me pongo la cuchara en la boca y disfruto el sabor dulce, la consistencia que envuelve mi lengua, la sensación de los granitos de azúcar y de harina que se estrellan contra mis dientes. Me chupo los labios y pienso en el sabor de la palita de madera, húmeda de la masa y de mi boca, mientras el sabor me recuerda a la cocina de mi madre cuando yo era niña.

La veo de pie recogiendo los ingredientes y me veo a mi, pequeña, con las piernas colgándome de la silla con sus tubos de metal negro y su asiento ¿de qué color?. Observo a mamá mientras en el regazo tengo el recipiente con los restos de la masa del pastel que juntas preparamos. “Te vas a empachar”, me decía, pero nunca me pasó. Sólo una vez cuando acabando de comerme todo lo que quedaba en el plato, y en las aspas, y en la pala, me tomé una coca-cola. Luego vomité. ¿Ya ves? Me dijo mi mamá. Fue la única vez y para efectos prácticos yo aseguro que lo del empache es un viejo cuento.

Me pongo otra cucharada de masa cruda en la boca y recuerdo las manos de mamá vertiendo jugo de naranja sobre la mezcla del pastel. Era mi favorita. Me divertía revolverlo todo con su vieja batidora eléctrica que seguramente está guardada todavía en algún cajón de su cocina. Me gustaba el pequeño ritual de hacer pastel. Me gustaba que jugáramos a ponernos delantales y que la cocina acabara cubierta de harina sobre toda superficie mientras el pastel se cocinaba plácidamente en el horno que nunca me dejaron encender.

Raspo con la punta de la cuchara un poco más de masa de las orillas de mi recipiente. Me encuentro sentada a solas en este gran departamento que ahora, en mi adultez, llamo hogar. Sonrío al pensar en mi mamá, que siempre antes de meter el refractario al horno hacia tres pequeñas cruces sobre la masa con los dedos y luego se los chupaba mientras hábilmente y con su otra mano enguantada empujaba el pastel al horno. Tenía esos moldes viejos metálicos que nunca se podían lavar del todo, con sus restos de harina negra de tanta quemada pegada en los bordes. Tenía unos redondos de diferentes tamaños y unos en forma de corazón. Me gustaban éstos últimos.

A veces también me ponía a batir huevos para hacer betún. No me gustaba el sabor de esa mezcla pero me divertía hacerla. Ahora no uso betún. Escucho el tic tac suave del hornito eléctrico en el que metí mi pastel. Es la primera vez que me invento una receta con jugo de naranja como la que hacía mamá. Sentada aquí a solas recuerdo esas tardes pasadas en su casa jugando a cocinar. Nunca ha sido mi fuerte y no lo disfruto, pero hacer pasteles me hace pensar en ella. En sus manos hábiles y hermosas. En su gesto al chuparse los dedos después de las cruces. En la amenaza del empacho flotando sobre mi cabeza como buitre.

Yo también le pongo cruces al pastel. No porque piense que dios de alguna manera vigilará para que no se me quemen, sino porque cada vez que lo hago pienso en mi mamá. Luego me siento a comerme lo que queda de la masa en el recipiente.

Le llamo por teléfono. “Hola Mamá” – “Hola mijita ¿cómo estás?” – “Bien (te extraño)¿ y tú? (te extraño).
Cuelgo pensando en lo feliz que se pone siempre que le cuento que hice algo en la cocina. “Tengo una receta de galletas facilísima, te va a encantar”.

Me asomo al hornito eléctrico para ver cómo se dora despacio la superficie del pastel. De un lado del recipiente la masa se ha derramado como gota de miel. Me pongo a lavar los platos y pienso en que sin importar cuánto he llegado a crecer, siempre me harán falta esas hermosas manos que se chupaban los dedos después de la cruz. Me dispongo a lavar los trastes y recojo con un trapo, suavemente, la harina derramada sobre la superficie de lozas amarillas, como en un sueño, no sin antes acabarme toda la restante masa cruda de pastel. 

* basado en una historia real y no, esa no es la foto de mi pastel...jajaj

jueves, 28 de febrero de 2013

Bitácora de Capitana #1

Día 1 de trabajo de campo

Hoy oficialmente decido que da inicio el trabajo de campo y con él mi diario de campo...que no voy a poner aquí, pero estoy tan feliz que compartiré algunas cosas.

Visité el huerto urbano del Sr. S. en el Barrio de las Delicias en San Cristóbal. Aprendí que se llama así porque tradicionalmente, desde el asentamiento de los españoles, ahí se cultivaban hortalizas y frutales y se hacían los dulces para la Feria de la Paz y la Primavera.

En 1/4 de ha tiene gallinas, hortalizas, frutales, nopales, vermicomposta y más cosas...

Lo mejor fue escucharle compartir ideas.

Cómo su huerto sirve como un espacio de conexión con el barrio y con la tierra.

Cómo estar ahí es casi una práctica espiritual.

Cómo esas pequeñas cosas van generando un sentimiento de autonomía y procesos de cambio social.

Me encanta pensar que la respuesta puede estar ahí, en sus lechugas y sus nopales... y sus gallinas.

.....

Salí del huerto emocionada porque hay más y más gente que hace estas cosas. Quiero conocerles a todos y todas. Quiero aprender de ellos y ellas Quiero aprender de la tierra.

Anduve caminando por el andador pensando que en este día, dos días antes de mis 30, me siento tan bendecida por estar aquí y aprender tanto.

Caminé por la calle con la bici a mi lado sonriendo....

Pensando en que, así como dijo Mafalda, hay que vivir sonriendo desentonando con toda la gente. No sólo porque desentonas, sino porque contagias.

Así que pensé que de los 30 en adelante voy a sonreír hasta que me duelan los cachetes...

y voy a sembrar.

-Fin de bitácora-